A veces odio amarte tanto.
Hoy mismo lo he hecho.
He caido otra vez en la trampa del ayer, al encontrar entre el pasado tus notas, tus recuerdos y tus cariños, acompañados de mis risas, mis alegrías y mis ilusiones.
Siento tristeza y siento rabia a la vez, por que has sido tan cobarde de dejar que alguien más rompiera nuestros sueños, dejaste de protegerlos por algo tan mundano.
Por eso ahora yo tampoco los cuido, por eso los he abandonado también en un rincón, por eso te imito, por eso me dejo llevar por los instintos y las visceras.
Por que a tí no te importó ya nuestro mundo, por eso lo estoy perdiendo yo también.
Y me duele, me lacera el alma, el corazón... me rompe y me deshace, llenándome de resentimiento y odio sobre tí nuevamente, odiandote y sientiendome capaz de romper tu propio mundo, así como permitiste que rompieran el nuestro.
Por eso yo permitiré de nuevo lo mismo.
Y no es venganza cariño, te lo juro que no.
Es simplemente que ya no me importa nada, si ya sólo quedan los restos de lo que fueron nuestros sueños juntos, si ya cada vez nos cuesta más trabajo levantarlos con los brazos heridos que han dejado tantos golpes, con el alma cansada del peso de las mentiras.
Te juro que no es venganza.
Es simplemente que me he abandonado, como tú nos abandonaste hace ya tanto tiempo.
Pero te amo, te juro por mi vida que te amo, te amo más que nunca, con la fuerza que nunca antes pude hacer, ya sin el miedo de perderlo todo por tí, por que me dí cuenta que me importabas más tú que todo lo demás, y sin embargo, siento que ya no te tengo.
No me creas cuando digo que te odio, por que nunca podría odiarte.
Te amo, te amo más que a nada, más que a nadie, te amo y sin embargo tengo ganas de odiarte.