Media luna brillará, la navaja acechará
Ojos bravos de mujer, ¿qué veneno fue?...
Envenenada me encuentro, bebiendo el antídoto no sé bien cuál es el efecto que causa en mí, pero llego a dudar muchas veces que sea el de curación, tal vez potencializa el veneno.
Con que pasión te enamorará y te embrujará
sola queda, soledad
sortilegio sobre tí caerá y una lágrima...
Dulce infame temblará, pero matará...
Bandido ay! muero yo por tí, tu paloma fuí...
Estoy en medio de la nada, sin poder creer ni poder dejar de creer, aumentando las ansias que me dan el estar tranquila, ya no sé quien es el portador del hechizo; me veo como el más inocente de los seres y a la vez como el más corrompido. Subo a la vez que bajo y me pregunto y me respondo y todo se revuelve en mí y no sé si seguir (a dónde?) o detenerme (en qué punto?).
Y qué hubiera pasado ese bendito día hace dos años si Rodrigo sí hubiera llegado a tomarme fotos y yo no hubiera salido con A. a buscarlo por los lugares cercanos? Qué hubiera pasado si yo no hubiera aceptado el café de ese día, y el de la semana próxima y todos los que le sucedieron a aquel aniversario de Gandhi?
Ese 18 de junio de 2005 si hubiera llegado Rodrigo a tomarme las fotos, yo no habría ido con A. a tomar café a la calle de Bolivar, no hubieramos hablado sobre vivir en el extranjero, ni sobre mi familia, ni sobre sus amigos, no habría abogado por mí ese día ante la gerencia, no me habría ofrecido su camisa, yo no hubiera abrazado su camisa ni hubiera pasado 3 minutos oliéndola, no me hubiera seguido invitando café "hasta encontrar uno bueno", yo no lo hubiera invitado a Starbucks, no me habría dicho en una ventana de messenger que no dejaba de pensar en mí, él no me habría invitado un café en Juarez y yo no hubiera aceptado, él no me habría besado de regreso al trabajo, mi estómago no se habría llenado de mariposas, no habrían existido los besos atrincherados en los lockers ni en las escaleras, no me habría regalado unos aretes de margaritas, no me habría dejado miles de notas lindas en mi locker y entre mis cosas, no me habría dicho te amo ante mi mirada de susto, yo no le habría contestado que lo amaba semanas después de que él lo esperaba, no nos habríamos querido, no nos habríamos lastimado, mi alma no estaría vapuleada ahora y probablemente seguiría en amoríos de dos o tres meses a lo mucho, mi salud no se habría visto afectada (y mis nervios tampoco).
Así que la culpa de esta historia no la tiene Cúpido, no señor, el culpable de todo esto es Rodrigo que no llegó a la cita por estar crudo por haberse ido de pedo una noche antes del 18 de junio de 2005.